El que quiere, puede!!

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HOLA A LAS VISITAS!!!! (LEER ANTES DE NAVEGAR)

Explico para las visitas de qué se trata todo.
Siempre me gustó guardar, registrar, conservar. Así me veo hoy con una gran cantidad de material único y preciado. El blog me permite, por un lado guardarlo en lugar seguro y por otro compartirlo con otras personas.Lo reformo y completo constantemente, agrego secciones y me divierto mucho.
Les recomiendo visitar los enlaces de Mis Favoritos. Algunos son de mi creación también, como Películas, Glosario, Biblioteca, Libros que deseo.
Bienvenidos a mi lugar, vuelvan pronto.



24/7/08

Cuento (narración vivida) escrita por S.

La maestra rural
Ganó el Segundo Premio en un concurso
El pueblo me recibe en un bochorno de marrones verdosos y verdes amarronados por el polvo suelto de los caminos.
Apenas un puñado de casitas viejas y humildes. Muchas cerradas y abandonadas, otras con patrios sin límites donde el rey es el hornito para el pan y donde las manos hacendosas de las mujeres que sólo quieren ser “amas de casa”, se empeñan en cultivar humildes y preciosos jardines de geranios y madreselvas, en cuyas raquíticas flores se refugia, impiadoso, ese polvo talcoso que vuela en remolinos. Continuo, áspero, atrevido, salado.
Ahí nomás, a un costado, un cementerio antiguo agranda sus siluetas fantasmagóricas a la luz de la luna gigantesca, con sus cruces herrumbradas y sus nichos derruidos donde las gallinas instalan sus nidos, desafiando las creencias y los miedos ancestrales.
Las abejas que alguna vez integraron las ilusiones de algún apicultor que se acobardó y se fue, también decidieron fabricar su dulzor junto a los huesos blanqueados por la intemperie, y en vez de una publicidad de miel pura, se escudan detrás de un mármol blanquísimo que anuncia… “1890. Murió de muerte repentina…”
A la noche el silencio me lastima. Sólo algún chistido de lechuza, un ladrido, el grito visceral de algún hachero borracho me recuerda el primer berrido de un recién nacido.
Los niños me descubren enseguida… “¡¡¡Eh, seora!!! ¿Usted es misionera? ¿Trai zapatias?”
La pobreza reina. Las historias fantásticas son más creíbles mientras más descabelladas.
Me refugio en los contenidos curriculares “Otros sistemas de comunicación: el semáforo”. ¡¡¡El semáforo!!! Luz roja … ¿Qué significa? Me miran con ojos desconcertados. ¡No lo conocen!
Ellos me siguen con sus ojos ingenuos y tristes. Los cabellos duros, las manos ásperas, la nariz mocosa, los dientes cariados. Me miran, me huelen, me tocan, me besan, me abrazan…
¡Cuánto que hay para hacer!
¡Son felices con tan poco! Ahora entiendo por qué les gustan los colores vivos y brillantes. Aquí todo es gris, hasta la vida.
Me parece que les falta de todo.
Entonces, apelo a la solidaridad de mis amigos, mis parientes, los políticos, la gente…
Mi viaje, cada lunes, es una peregrinación de rey mago, con alforjas cargadas de zapatillas, anestésico para muelas, diadermina, champú, colirio, chocolate, mochilas, pinturitas…
Luego viene el intercambio. Lo cambio por unas leñitas, por flores, por cualquier cosa que los haga sentir dignos, comprometidos, necesarios.
Matías ya tiene trece. Y un largo historial de pequeños robos, huidas de la escuela, insultos a las maestras, borracheras y otros desmanes. Me inspira temor, pero armo una estrategia.
Y lo dejo hacer.
Viene, come y se va. Cada día empieza una hoja nueva. No tiene nada. Ni útiles, ni libros, ni ganas, ni valores, ni hábitos, ni ropa, ni zapatillas. Sólo piojos. Y unos ojos enormes y curiosos que a veces vienen vidriosos, cuando los cazadores que lo ocupan como baquiano le pagan con las bebidas que les quedan al volver al volver a la civilización, después que descargaron su agresividad escopeta en mano.
Matías comienza a observarme.
Me provoca, se burla, se desorienta al no obtener reacción. Finalmente se acerca.
Sus manos morenas y deformadas por la desnutrición exploran mis útiles. Rompe algunos, roba otros…
Huele mi saco, mi chalina.
Le pido “escribe cosas que te gustan mucho”. Reseña: champú-jabón-bolso-viaje-. Yo escribo: vida-mazamorra-animales-mamá-tortilla…
Un día me cuenta de golpe: “Seño, mi hermana está “embrazada”. Tiene la panza como un bombón. Yo digo… ¿Para qué tiene hijos?¿Cierto Seño?.
Conmovida, renuevo mis esfuerzos. Pido ropita usada, abrigos, pañales.
Y reparto.
“Señito”, me dicen, -Usted es profesora, maestra, mamá, doctora, todo.
-Usted es alegre, Seño, la requiero con todo mi corazón.
Matías se somete dolorosamente al hábito escolar: copia, subraya, rompe la hoja, vuelve a empezar. ¡¡Soy tan burrazo señorita!!! Le leo, pero a Usted sola.
¿Me explica las divisiones, Seño? ¡¡¡yo no sé nada!!! Y ustedes cabezones, ¿qué miran? ¡¡¡Andate, che!!!
Perdone (¡¡¡perdone!!!), Seño, le perdí la lapicera que me prestó; pero le voy a comprar una.
Una tarde me busca por la ventana. Trae un envoltorio dentro de una bolsita ahumada.
-Seño, le traigo un pedacito de “tortia”.
Yo le explico: Matías, perdone, no tengo dinero, no le puedo comprar. Espere que cobre y me trae ¿sí?.
¡No, Seño! Es para usted. No le traje una entera porque la mami la repartió entre todos para el mate cocido. Yo lo tomé sin nada para guardarlo para usted.
¡Soy tan llorona!
¡Ay, Dios que me tomas lección cada día!
En un instante pone ante mí todas esas bolsas de trapos y calzados que otros se cansaron de usar, y yo reparto acallando mi conciencia.
¡Cuánto más valor tiene este pedacito de tortilla gris en manos de este ángel tiznado por la vida que me descubrió su corazón, como una dulce tuna cubierta de espinas!
Vuelvo al principio.
Debo rever el significado de la palabra solidaridad. Al menos sé que no sirve sin un contexto:
Solidaridad con amor, con respeto, con extrema delicadeza, con curación, con esperanza, con compromiso…
Con fe.

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