
Divertido como siempre. Montalbano está convaleciente.
El único tirano que acepto en este mundo, es la suave voz interior de mi conciencia.


El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos...Una hermosa canción y una triste realidad. ¿Te cuesta quedarte despierto frente al televisor? ¿Te duele la espalda cuando te agachás? Si la respuesta es sí, entonces podrías estar envejeciendo, dice un nuevo estudio sobre los 45 signos más comunes de la senectud.
Otros indicios: olvidarse de los nombres de las personas, no poder reconocer las canciones que más suenan en la radio, quejarse sobre la 'televisión basura', elegir la ropa por la comodidad y no según lo que está de moda, manejar despacio, interesarse por la jardinería.
Tina Clare, de Engage Mutual, la organización que condujo el estudio, explicó: "Nos fijamos lo que piensa la gente de todas las edades sobre el envejecimiento. Los hábitos que rankearon en las primeras posiciones no son excluyentes de las personas seniles, pero sí reflejan los estereotipos culturales que tenemos sobre los ancianos".
El estudio también descubrió un cambio de actitud con respecto al alcohol a medida de que nos ponemos más viejitos. Quedarse dormidos después de una copa de vino, conocer los límites de ingesta de alcohol y elegir manejar antes que beber durante una salida son signos certeros de senectud -y de responsabilidad-.
Además, un tercio de los encuestados admitió que sintió algunos de los signos del envejecimiento durante las edades de
Y un dato interesante: el 64 por ciento respondió que le preocupa no poder ocuparse de sí mismos cuando sean viejos, perder la memoria, 62 por ciento, no tener dinero, 39 por ciento, no tener a nadie, 55 por ciento.
Los 45 signos de la vejez
1.Quedarse dormido frente a la TV
2. Sentir los huesos doloridos
3. Quejarse cuando te agachás
4. Perder mucho pelo
5. Odiar los bares/boliches ruidosos
6. Pensar que los profesores/los policías/los doctores parecen realmente jóvenes
7. Si tus oídos, cara, cejas, nariz - se vuelven más peludos.
8. Luchar para utilizar tecnología
9. Olvidarse el nombre de las personas
10. No reconocer las canciones en los rankings de las radios
11. Elegir la ropa según la comodidad y no según la moda
12. Manejar muy despacio
13. Desarrollar un cariño por el jerez
14. Quejarse más
15. Unirse a alguna actividad de tipo hobby
16. Olvidar y perder las llaves del auto y los anteojos
17. Tener colegas jóvenes
18. Dejar de escuchar la radio FM y escuchar sólo AM
19. Dormir una siesta a la tarde
20. Ir más seguido a la iglesia
21. Quejarse por la 'televisión basura'
22. Te crecen más las orejas
23. Preferir una caminata de domingo a quedarse en la cama
24. Indignarse por los videos musicales sensuales
25. Ir en cruceros y viajes grupales 'sin chicos'
26. Interesarse por la jardinería
27. Disfrutar de que te pidan el DNI
28. Conocer tus límites con el alcohol
29. Usar pantalones de corderoy
30. Decirle a la gente exactamente lo que pensás, incluso cuando es irrespetuoso
31. Tener un reloj de viaje
32. Quedarse dormido después de una copa de vino tinto
33. Interesarse por las noticias
34. Elegir manejar en vez de tomar alcohol
35. No poder bajar de peso rápidamente
36. Nunca salir de casa sin abrigo
37. Interesarse por el clima para pensar qué ropa usar
38. Llevar un almohadón a la cancha porque los asientos son muy incómodos
39. Poner las cosas de la casa en el lugar equivocado
40. Elegir la radio sobre la televisión
41. Usar saquitos
42. Comprar el diario todos los días
43. Mirar muchos infomerciales
44. Pagar en efectivo en vez de con tarjeta
45. Usar mucho color beige

Escribo esta carta, con los oídos todavía llenos de los silbidos, que recibiera el día del empate con Colombia, y pienso que no me queda más remedio que dirigir estas letras a la población argentina.
Se supone que soy el mejor del mundo. ¿Quién lo supone? No lo tengo claro. ¿Qué significa ser el mejor del mundo? Tampoco lo sé.
Sólo sé que soy un jugador de fútbol al que le ha ido bien. También conozco, y recuerdo mi historia.
De muy chico comencé a jugar al fútbol. No tuve más infancia que la del esfuerzo y el sacrificio para llegar hasta dónde yo sabía que quería llegar. En el medio sucedió lo impensado: mi físico no se desarrollaba de modo tal que pudiera jugar como profesional. La única solución era un tratamiento muy costoso, fuera del alcance de mi familia. Busqué apoyos en la Argentina, mi país, pero no los encontré. Con mis padres golpeamos puertas en vano. Nadie quería arriesgar en un pequeño niño. Incluso River me cerró sus puertas, pensando que no valía la pena.
En ese momento un club extranjero se interesó por mí. Puso tiempo, dinero, médicos. Contuvo a mi familia para que estuvieran cerca de mí. Sin apurar los tiempos me formaron, y por último comencé a jugar. Con organización y trabajo no saltearon ninguna etapa. Ese club era el Barcelona.
Recién allí en la Argentina advirtieron que se perdían la posibilidad de un jugador, y ni lerdos ni perezosos se apuraron a concertar un partido especial de la selección argentina juvenil para evitar que yo jugara para España. Bien por Argentina.
Ahora, cada vez que juego para mi país, y conste que por ejemplo en esta Copa América he donado todo lo que cobre a obras de beneficencia, toda la responsabilidad cae sobre mí. ¿Olvidan que el fútbol es un juego de equipo? ¿Creen que las cosas pasan por arte de magia? ¿No entienden que el fútbol, como todos los deportes, es una cuestión de ganar unos pocos segundos al contrario? Hoy ya no se puede improvisar…
Quieren que Argentina juegue como un equipo local, pero no quieren el trabajo y la organización del club. Quieren que pasen cosas iguales, haciendo cosas distintas.
Sin trabajo y organización no hay modo de llegar al éxito. Ni en el fútbol, ni en ningún aspecto de la vida. A los argentinos parece no importarles nada, comerse una y otra vez a sus ídolos. No les importó endiosar una y otra vez a Maradona, con el objetivo de poder revolcarlo a continuación. ¿Y ahora siguen conmigo?
Me duele decirlo: amo a la Argentina, pero estoy cansado de los argentinos. Estoy cansado de dar explicaciones porque haya quien crea que soy el mejor del mundo. Estoy cansado de que me comparen con Maradona, o con cualquier otro. Me endiosan y después pretenden que me haga cargo de ello. Estoy cansado de que le falten el respeto a mis colegas cuando me comparan con ellos. Estoy cansado de que no entiendan que soy uno más, que cada día se levanta pretendiendo hacer bien las cosas.
Si los argentinos se dieran cuenta de que, más que exigirme milagros a mí, debieran exigir trabajo y organización a sus dirigentes, empezando por los del fútbol, las cosas podrían mejorar. Si no, no importa. Pero a mí y a mi familia déjennos tranquilos.


La falta de motivación hacia los estudios, el conformismo y la mentalidad de autosatisfacción inmediata, son características comunes a muchos de los jóvenes de hoy en día. Esto hace que no se encuentren preparados para afrontar los cambios de la vida, y es por ello por lo que necesitan urgentemente aprender a ser más autónomos y resolutivos, pero… ¿cómo se adquieren esas habilidades?
El concepto de resiliencia
Luis Rojas Marcos, eminente psiquiatra, define la resiliencia como “la fuerza para encajar, resistir y superar la adversidad”. Se trata de la única explicación que justifica que un empresario que se ha arruinado, vuelva a construir un imperio; o que una madre pueda seguir viviendo tras la muerte de un hijo.
Si algo tenemos claro los que nos dedicamos a tratar de mejorar la educación del siglo XXI, es que al menos hasta ahora, no se ha educado a los estudiantes para ser resilientes. De hecho, no hay más que ver cómo se derrumban cuando suspenden un examen o cuando no aprueban unas oposiciones.
Ahora bien, aunque la resiliencia es algo que unas personas poseen de forma innata, también se puede enseñar, y a continuación te contaremos algunas recetas para conseguirlo.
Recetas para la resiliencia
Si quieres educar hijos resilientes, debes ayudarlos a desarrollar las siguientes habilidades:
1. Inteligencia social: se refiere a la capacidad de relacionarse con los demás de forma asertiva, empática y constructiva. Está muy relacionada con la competencia de autonomía e iniciativa personal social y la competencia social y ciudadana.
2. Proactividad y pensamiento heurístico: consiste en la capacidad para afrontar los problemas de forma resolutiva, pasando del pensamiento a la acción y aprendiendo de cada fracaso. Está muy relacionada con la competencia de aprender a aprender y de nuevo, la autonomía e iniciativa personal.
3. Alta motivación de logro: tiene que ver con la búsqueda de la excelencia en todas las cosas que realizamos en nuestra vida, la capacidad de luchar por nuestros sueños y el compromiso con la tarea. Todo esto está muy relacionado con las competencias ya mencionadas, pero además, con el resto de las mismas, ya que, en la medida en que la persona domine un mayor número de habilidades, tenderá a fijarse metas más altas.
4. Autonomía personal: significa ser capaz de valerse por uno mismo y aprender a hacerse responsable de todo lo que se hace cada día, es decir: asumir el papel de protagonista en la película de la vida. Esta habilidad, como la anterior, está íntimamente relacionada con todas las competencias y depende en gran medida de que nuestros hijos posean una autoestima fuerte y sana.
Bien, ya conocemos las habilidades que debemos desarrollar en los niños, niñas y adolescentes que educamos, pero, ¿qué podemos hacer cada día para ayudarlos a construirlas? A continuación, te damos algunas estrategias que seguro te harán la tarea más fácil.
Estrategias para construir una personalidad resiliente
· Proveer amor incondicional y construir un apego seguro.
· Expresar frecuentes muestras de cariño de forma verbal y no verbal.
· Educar con disciplina positiva.
· Enseñar estrategias de autocontrol.
· Predicar, uno mismo, con un comportamiento resiliente.
· Utilizar refuerzos sociales.
· Proporcionar oportunidades para aprender a ser responsable.
· Comunicarse utilizando la escucha empática.
· Ayudar a afrontar los problemas de forma original y divergente.
Parecen muchas cosas a tener en cuenta, ¿verdad? Tranquilos, no se trata de que tengamos que estar sacrificados para educar hijos resilientes, sino más bien, de aprender a ser más resilientes para que nuestros hijos sigan nuestro ejemplo al ver cómo afrontamos las diferentes situaciones que se nos presentan y aprender de ellas.
Por Jenny Guerra Hernández

1. Elimine los números que no son esenciales. Esto incluye la edad , el peso y la altura.. 3. Aprenda siempre:
Aprenda más sobre computadoras, artes, jardinería, o lo que sea. No deje que su cerebro se vuelva perezoso.
'Una mente perezosa es la oficina del Alemán.' Y el nombre del Alemán es Alzheimer!
4. Aprecie más las pequeñas cosas
5. Ría muchas veces , durante mucho tiempo y muy alto.. Ría hasta que le falte el aire.
Y si tiene un amigo que lo hace reír, pase mucho y mucho tiempo con él / ella!
6. Cuando las lágrimas aparecieran
Aguante, sufra y supérelo.
La única persona que se queda con nosotros toda la vida somos nosotros mismos.
VIVA mientras esté vivo.
7. Rodéese de las cosas que ama:
La familia, animales, plantas, hobbies, o lo que sea.
Su hogar es su refugio.
8.. Cuide su salud:
Si es buena, manténgala.
Si es inestable, mejórela.
Si no consigue mejorarla , busque ayuda.
9. No haga viajes de culpa. Viaje al centro comercial, a un país diferente,
NO donde haya culpa
10. Dígale a las personas que ama que las ama en cada oportunidad.