Mi peluquero, hiperquinético, rulos al viento, de edad indefinible, exhibe la siguiente leyenda en lugar muy visible de su local (imposible no leerlo)
Tenga la gentileza
de hablarme amablemente,
sin levantar la voz
y sin contradecirme en nada.
Comprenda que a mi edad,
los disgustos, los ruidos,
y las contraindicaciones,
me provocan bruscas elevaciones de presión,
hiperacidez y disturbios cardiovasculares.
Además de eso,
inmediatamente me emputo
y mando a la mierda
a quien sea...
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